domingo, 22 de marzo de 2015

Filosofía del Yoga: Antah karana, Chitta, la Mente





La mente en yoga comprende los pensamientos, los recuerdos, las emociones, los deseos, los apegos, los miedos, las preocupaciones, las planificaciones los apegos, etc.. Es un aspecto de nuestro ser más bien externo y superficial, comparado con la esencia eterna. Es una de las “vestiduras” (Koshas) que cubren nuestro ser esencial en esta existencia terrenal.





Una de sus características más evidentes es que es sumamente productiva, siempre está generando actividad, sin poder detenerse. Esa actividad mental inevitablemente consume energía vital. ¿Alguna vez se ha preguntado por qué se siente tan cansado/a y sin energía? ¿Ha observado a su mente? Probablemente está en un incesante pensar, imaginar, recordar, anticipar … Ahora ya tiene una pista de por dónde se fuga su energía.

Mayor aún será la pérdida de prana (energía sutil) si los pensamientos son negativos, del tipo “me va a ir mal”, “me van a decir que no”, “no soy capaz”, “¿y si me llega una enfermedad grave?”, “¿y si me roban?”, etc.

Cada pensamiento inquietante genera una reacción neuroendocrina en nuestro organismo de alerta, conocida como “estrés”. En esta reacción se descargan hormonas como la adrenalina, el cortisol y otras, y pone a todo el sistema en estado de emergencia para enfrentar una situación (que se percibe como) amenazante. Si este estado de consumo extraordinario de recursos se mantiene, irá intoxicando y debilitando el cuerpo. Por lo tanto, no es inocuo lo que pensamos: nuestras divagaciones serán determinantes en nuestra vitalidad y salud

Además, nuestro estado de ánimo dependerá también de nuestra actividad mental: si pensamos positivamente, nos animamos; si pensamos situaciones negativas, nos tensamos, entristecemos, enfurecemos o abatimos. Esta es una de las relaciones más importantes que debemos tener claras: nos sentimos de acuerdo a lo que pensamos.




Pero hay más: nuestra confianza en nosotros mismos, en nuestras capacidades, en lo que lograremos, si nos enfermaremos o sanaremos, dependen asimismo de nuestra mente. Ella nos va generando tendencias hacia uno u otro lado en nuestra vida, hacia el bienestar o el malestar, hacia el éxito o el fracaso, hacia la salud o la enfermedad.



Nuestra vitalidad, nuestra salud, nuestro estado anímico, la dirección que va tomando nuestra vida, dependen de nuestra mente. Sin embargo, no manejamos nuestra mente en absoluto, más bien ella se maneja sola y tiene una predilección por los pensamientos inquietantes. De esto normalmente no somos conscientes porque no observamos a nuestra mente desde afuera, estamos identificados con ella. Sólo vemos los efectos de este tipo de actividad mental: nos sentimos ansiosos, inquietos, irritables, estresados, enfermos, complicados en nuestras relaciones con los demás.

Si miráramos a nuestra mente, nos daríamos cuenta de la inmensa cantidad de pensamientos negativos o perturbadores que produce, la mayoría de los cuales sin totalmente innecesarios.

La siguiente historia grafica a la mente en una de sus actividades más frecuentes: rumiando situaciones desagradables, convenciéndose de ellas y afectando el estado de ánimo de acuerdo a esas creaciones imaginarias:

Un hombre decide ir a buscar la guitarra que la ha prestado a un amigo hace un tiempo. En el camino va pensando:

- “¿y si no me la quiere devolver? … quizás se ha empeñado en aprender y practicar y no quiere pasármela … o quizás se la prestó a alguien … ¿y si la vendió? …. seguro me va a inventar una mentira para no entregármela … la otra vez cuando nos juntamos con los amigos no aportó el dinero que yo aporté … es un tacaño … un egoísta … sólo piensa en sí mismo … por eso está solo … en realidad no sé por qué soy su amigo … no merece que yo sea su amigo …

Cuando llega donde el amigo, éste le abre la puerta y antes de que pueda saludarlo siquiera el hombre le grita: “vete al diablo tú y la guitarra”, se da media vuelta y se va.

El amigo queda estupefacto sin entender absolutamente nada.


Si se quiere avanzar hacia una vida más serena, feliz, equilibrada y sana, es importante manejar la propia mente, pues de ella depende cómo nos sentimos, si somos felices o desgraciados, sanos o enfermos.

¿Cómo manejar la mente? Es bastante difícil, es como querer agarrar el viento con las manos, pero se puede … ¡para ello existe el Yoga!

Si se quiere manejar algo, hay que conocerlo, hay que saber cómo funciona, qué maneras de actuar tiene. Así es que debemos comenzar observando a nuestra propia mente, dándonos cuenta qué y cómo piensa, opera, actúa. 



En el Yoga y en otras tradiciones espirituales se han generado métodss de entrenamiento de observación de la mente. Existen técnicas de meditación en las que observamos con actitud de testigo a la propia mente (por ejemplo Antar Mouna o Chidakash dharana). Este entrenamiento nos ayudará a poder detectar cuando la mente está en una actividad perturbadora, a poder desidentificarnos de esa cadena de pensamientos desctructivos.

Avanzados en darnos cuenta de cuánto y cómo piensa nuestra mente, podemos, si lo deseamos, elegir lo que pensamos, por ejemplo, si me doy cuenta que estoy pensando en que me voy a enfermar o que me van a atacar, elijo pensar que me va a ir bien con un proyecto o todo lo que la vida me ha dado, u otro pensamiento que me dé confianza y tranquilidad.

Observar nuestra mente constituye un gran avance en Yoga, nos encamina en un mayor control sobre ella.

Pero hay algo más que ocurre cuando logramos mirar a la mente: por un instante nos ubicamos en un “lugar” de nuestro ser que no es la mente.

Puesto que la podemos observar, estamos en otra perspectiva fuera de ella, y esto es valiosísimo desde el punto de vista del Yoga. Al instalarnos fuera de la mente, se desvanece el sueño, la ilusión, de creer que somos la mente y nada más. Nos ubicamos más cerca de nuestra verdadera esencia, que es Pura Consciencia (no pensamiento). Si nos instalamos más cerca de nuestro verdadero ser, experimentaremos mayor bienestar, paz, armonía y plenitud.

La mente es un instrumento muy útil para resolver aspectos prácticos de la vida, pero normalmente este aparato mental está muy influenciado por el ego y entonces se dedica a rumiar incesantemente pensamientos de carencia así como delpasado o el futuro. Como el ego –por su naturaleza- no se siente casi nunca satisfecho, nos hace creer que nos falta algo,  y a raíz de ello nos perdemos de disfrutar lo que la vida nos regala a cada instante. Nuestra mente está constantemente en el pasado o el futuro o en lo que falta, no puede ver y apreciar lo que está justamente en frente nuestro.

Como lo expone tan claramente Eckhart Tolle, al estar siempre en el tiempo nos perdemos de lo más hermoso, verdadero y liberador que hay en la vida: el presente.  


La Mente puede ser un gran obstáculo para experimentar nuestra verdadera naturaleza y la felicidad que proviene de esa experiencia. Si podemos distanciarnos de nuestra propia mente, mirarla con cierto recelo, no dejándonos atrapar o enceguecer por sus ilusiones, podremos disfrutar de una existencia plena, fácil, gozosa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario