sábado, 15 de diciembre de 2018

La simplicidad del momento presente, es tan bello. No hay que ir a ninguna parte, no hay que cambiar nada, solo quedarse aquí y sentir lo que se está sintiendo. Aunque sea doloroso, aunque sea angustioso, quedarse aquí, simplemente, sentirlo, acogerlo, acogerse, acoger la vida tal como es, tal como está siendo ...



sábado, 1 de diciembre de 2018

INTERCONEXIÓN

Todo está íntima y esencialmente interconectado. 
La materia está compuesta de átomos, dentro de los átomos se han descubierto "partículas" que en realidad no son algo concreto ni definido, sino más bien relaciones, probabilidades. Las partículas de influyen entre sí y con el espacio que las rodea, están siempre cambiando, apareciendo y desapareciendo.
La materia prácticamente no existe, los átomos casi no tienen masa, lo que tienen es energía, movimiento, campos electromagnéticos y vibracionales, fuerzas de atracción (¿amor?). 
El universo está hecho de conexiones más que de materia. Lo han dicho los físicos en las últimas décadas y lo han venido diciendo desde hace milenios los sabios espirituales de oriente. 

viernes, 9 de noviembre de 2018

"este inmortal instinto de la belleza que nos hace considerar la tierra y los espectáculos que nos brinda como una muestra, como una imagen del cielo" 

Baudelaire

 

sábado, 20 de octubre de 2018

El Yoga no es hacer (tal o cual técnica), es Ser (consciencia).
Mientras más te identificas con el hacer, más te alejas, te pierdes y de olvidas del Ser


viernes, 19 de octubre de 2018

Mientras más avanzas en Yoga, más sutil se vuelve tu práctica


La Relajación



La relajación es un estado de gran bienestar, que favorece la salud corporal, el descubrimiento de lo que nos sucede a nivel emocional, la intuición, el buen ánimo, la inofensividad, la calma, la inteligencia, el disfrute del presente y el dejar ir. Todas esas cualidades constituyen los elementos de una vida tranquila, saludable, equilibrada, espiritual y con sentido, con un sentido profundo de la vida.
Normalmente vivimos apurados, ansiosos, estresados, incómodos, con la sensación de riesgo permanente. Esa es la sensación generalizada: miedo. Miedo de no ser lo suficiente, de no tener suficiente, de no lograr lo suficiente, de que me pase algo “malo”, me roben, me enferme, me engañen, me pasen a llevar, me agredan, me impidan mis objetivos. Ello genera un estado psicofísico llamado la Respuesta de Lucha o Huida: el cuerpo se prepara para una amenaza inminente, como si fuera a ser devorado por un león. El cuerpo necesita toda su energía y recursos para enfrentar esa situación que es de vida o muerte, todo lo demás queda en segundo plano.
Todas las funciones del cuerpo que no son para enfrentar al león quedan suspendidas hasta que ya no haya peligro, por ejemplo la función digestiva, inmunológica, reparatoria, etc. ¿Qué sucede si constantemente estamos en ese estado de alerta y quedan en espera muchas funciones corporales fundamentales? La respuesta es obvia: el cuerpo comienza a deteriorarse, y mientras más se mantenga ese estado de estrés, más se agudiza el deterioro.



El problema es que hoy en día generamos esa respuesta de alerta con nuestros pensamientos sin necesidad de estar frente a una situación real de peligro. Muchas veces nos ponemos a pensar en el futuro y eso inevitablemente genera tensión porque es imposible controlar todas las variables posibles; o nos ponemos a pensar en situaciones complicadas del pasado, con lo cual volvemos a generar el estado de emergencia.
Hemos sido condicionados para pretender controlarlo todo, para exigirnos grandes logros, para darle vueltas una y otra vez a las situaciones incómodas que hemos vivido, para creer que necesitamos un montón de cosas: estatus, éxito, títulos, para ser alguien valioso. Con todo ello es prácticamente inevitable el estrés constante, y ya sabemos lo que eso causa a nuestro cuerpo.
La relajación, ese estado opuesto al de lucha o huida, reduce los efectos nocivos del estrés, y si la practicamos con regularidad nos ayuda a estresarnos menos, a generar menos estrés.
El estrés viene de nuestros pensamientos, de cómo enfrentamos la vida y los acontecimientos, del estado nervioso que se instala ya por defecto en nosotros. Frente a todo ello podemos hacer algo, podemos practicar técnicas que nos calmen, nos relajen, nos ayuden a observar la actividad mental, y nos conduzcan a otra mirada de la vida más sana, menos exigente, más respetuosa de nuestro bienestar y equilibrio.



lunes, 15 de octubre de 2018

La Práctica Respiratoria en Yoga


La respiración posee un potencial enorme para nuestro bienestar. Podemos decir que es nuestra mayor amiga y aliada. Nos ayuda a calmarnos, centrarnos, enfocarnos, tomar mejores decisiones, sanarnos, descansar, experimentar bienestar, quietud, encontrar respuestas e inspiración.




El Yoga ha desarrollado muchas técnicas relacionadas con la respiración, pero con tan solo enfocarnos en ella ya logramos experimentar más calma y bienestar. Si a esa toma de consciencia le añadimos la profundización y ralentización de la inhalación y la exhalación, mayores efectos calmantes obtendremos.

La respiración rápida y superficial que hacemos normalmente perjudica a nuestro cuerpo, nuestra emoción y a nuestra mente. Una respiración más profunda y lenta beneficiará en esos tres aspectos: corporal, emocional y mental. Mientras más lenta la respiración, pero cómoda, mejor salud, más claridad mental y capacidad de resolver problemas, más bienestar y desarrollo de un tipo de inteligencia intuitiva, holística.

Las técnicas de respiración del Yoga se llaman Pranayamas, palabra significa control del prana, la energía sutil. La que nos hace sentir agitados o tranquilos, alegres o tristes, optimistas o malhumorados, enfermos o sanos, generosos o egoístas.

En Yoga encontramos Pranayamas calmantes y también activantes. En general todos nos ayudan a concentrarnos, mantenernos sanos, tener un buen nivel de vitalidad, desarrollar más consciencia en nuestras actividades cotidianas y preparan la mente para la meditación.

A nivel corporal los Pranayamas nos van a ayudar con múltiples funciones y sistemas, como la circulación, el trabajo del hígado, sistema nervioso, digestivo, respiratorio, el cerebro, la purificación del cuerpo, etc.

Lo normal es que respiremos miles de veces al día sin tener consciencia de ello. En Yoga tomamos consciencia de la respiración y ello tiene un efecto muy valioso en el cerebro. Cuando respiramos inconscientemente es el encéfalo, una parte primitiva, la que está manejando el proceso; por el contrario, cuando respiramos consciente y voluntariamente es la corteza, la parte más evolucionada, la que lo está comandando. La práctica de las técnicas de respiración del Yoga potencia esa zona más evolucionada del cerebro, nos volvemos más conscientes, con lo cual responderemos a las situaciones en forma más madura y tranquila, en vez de hacerlo de modo impulsivo y automático.

Practicar diariamente tan solo 5 minutos de algún pranayama calmante nos va a ayudar a estar más tranquilos y equilibrados. Por su parte,  practicar algún pranayama activante cuando estamos cansados y con sueño, nos va a despertar y dar mayor energía para continuar con nuestras actividades.