jueves, 21 de mayo de 2015

Filosofía del Yoga: Avidya, la Ignorancia

Continuamos con la serie de artículos de Filosofía del Yoga en palabras simples.


La realización de la más Alta Verdad se halla siempre acompañada de la liberación del miedo, el apego y la ira …” 

(Swami Tapasyananda, "Mandukya Upanishad", Hastinapura, 2003)






La palabra sánscrita Avidya significa “no-conocimiento”, es un concepto muy importante en Yoga. 

Es relevante porque de esta ignorancia surge gran parte de nuestra miseria, padecimientos e infelicidad.

No se trata de la ignorancia académica, libresca, intelectual. No se refiere a la ausencia de información o de lecturas. Es la ignorancia de no saber quiénes somos.

Esta ignorancia en realidad es una confusión, es creer que nuestro cuerpo-mente (con todo lo que ello involucra) es todo nuestro ser. Es como si en la noche oscura viéramos una serpiente cuando en realidad es una cuerda, este es un típico ejemplo que menciona la filosofía Vedanta para explicar “Maya” (la ilusión).

Esta ignorancia está más esparcida que cualquier otra cosa en la humanidad. La gran mayoría de las personas se identifica totalmente con las necesidades de su cuerpo, de sobrevivencia, de afecto, de entretención, de estatus, de reconocimiento, de seguridad, etc. Toda su vida gira en torno a satisfacer esas necesidades y deseos.

La búsqueda intensa de esas condiciones genera estrés, tensión y enfermedad. Así como puede surgir tristeza, depresión, angustia al no alcanzar esos objetivos.

Esto que se considera normal en la vida humana … el Yoga busca trascenderlo. El dárshana yóguico ofrece la posibilidad de otra experiencia de vida … en la que no nos identificamos con nuestro cuerpo-mente sino que lo consideramos el vehículo en que recorremos esta etapa vital sin desesperarnos por lo que le pueda ocurrir. Nos instalamos y nos identificamos con algo muy profundo, sutil y bienaventurado que hay dentro de nosotros, y sentimos que esa esencia es eterna, ni siquiera amenazada por la muerte.

Cuando llegamos a experimentar esa comprensión, esa certeza, desaparece entonces el miedo, la ansiedad, la compulsión, la competitividad, la defensa, la ambición … Llegados a este punto no dejamos de actuar o participar de la vida humana “normal”, sino que continuamos ejecutando nuestras obligaciones y nuestro trabajo, pero ya no actuamos desde de la carencia. Actuamos y vivimos con gozando cada cosa, cada detalle, cada circunstancia que llega a nuestra vida.

Ya no dependemos de hacer esto o aquello para sentirnos dignos de ser, ya no necesitamos validarnos ni protegernos de nada …

Nuestra identidad ya no depende de que seamos médico, esposa, católico, comunista, anarquista, hippie, persona ordenada, hombre trabajador, culto, etc. Nuestra identidad se ha trasladado al Ser Interno, allí donde hay serenidad, silencio e infinitud.

En uno de los textos más importantes y antiguos de Yoga: los Yoga Sutras de Patanjali (texto escrito alrededor de unos 23 siglos atrás), dice:

Solo por conocimiento de la conciencia de la diferencia entre chitta y purusha sobreviene la supremacía sobre todos los estados y formas de la existencia y omnisciencia” (capítulo III, sutra 50).

Desde hace tantos siglos el Yoga nos viene diciendo que distingamos, Purusha (nuestra Consciencia, nuestro Espíritu, nuestro Ser esencial) de Chitta, la mente, (pensamientos, percepciones sensoriales, recuerdos, deseos, emociones, aversiones, apegos, miedos, planes).

No se trata de negar que tenemos necesidades, anhelos, temores, sino de ubicarlos en su lugar. Reconocer que tenemos esas experiencias humanas pero que no son todo nuestro ser sino quizás la parte más externa. Por lo tanto, pueden afectarnos en cierta medida, pero no avasallarnos completamente.

Ya se dijo antes, recordar esta diferencia nos ayuda enormemente a limitar el efecto de las emociones perturbadoras. Cuando despierta nuestra Consciencia ocurre algo mágico, algo misterioso, aflora un gran poder que no imaginábamos.

Esta historia real nos ilustra cómo cualquier persona puede llegar a la liberación, incluso en condiciones desfavorables.

Harry era un viejo contrabandista, de esos que se han dado la vuelta al mundo demasiadas veces.

Le habían diagnosticado cáncer de pulmón hace un tiempo, no tenía seguro médico, nunca hizo un tratamiento ni tampoco dejó de fumar.

Apuesto que tenía algunos hijos por el mundo, pero en realidad no era un hombre de familia. No era de las personas más felices, era extraordinario para criticar.

Ahora estaba arrestado por haber entrado al país "algunos paquetes" que había traído del Lejano Oriente.
Harry dijo que nunca había hecho algo así antes, pero eso no le importó al juez que le dio diez años de sentencia. Harry también dijo que sólo había contrabandeado porque necesitaba dinero para el tratamiento de su cáncer.

Harry apareció una mañana en la clase de meditación en la cárcel, se podría decir que era escéptico por las preguntas que hacía sobre el valor de la meditación.

Harry tenía cincuenta años y con toda su vasta experiencia mundana nunca había tenido mucho interés en lo espiritual, la psicología, el arte o la religión.
Su pronóstico no era bueno, tenía como mucho otro año de vida. Nunca volvería a ver el mundo exterior nuevamente. Harry moriría en la cárcel.

Harry entró rápidamente en la meditación. De hecho se convirtió en uno de esos "meditadores natos", un “evangélico” que llevaba a cualquier otro preso que lo quisiera escuchar al grupo de meditación del sábado en la tarde.

"Tienes que hacer esto" era el nuevo mantra de Harry. Algunos de los muchachos se molestaban por su insistencia sobre su nueva práctica de meditación.

Harry se convirtió en una celebridad. 'Hermano Harry” era su nuevo apodo en el patio. Traía gente nueva a todas las clases y les motivaba para que continuaran su práctica de meditación. Se estaba convirtiendo en un gurú.

Harry estaba cercano a su muerte y en la cárcel, sin embargo se sentía libre por primera vez en su vida, así lo decía y así parecía. Harry era feliz.

No es muy conveniente pasarlo bien en la cárcel. Algunos del personal de la cárcel lo resienten, después de todo, muchos de ellos que pueden volver a sus casas después del turno no son felices, ¿por qué un preso podría ser feliz?

Uno de los guardias tomó esta posición con Harry y decidió probarle que la cárcel no era Disneylandia, el lugar más feliz sobre la tierra.. En cada oportunidad lo sacudía contra la pared dos o tres veces, le sacaba sus pocas cosas cuando iba a desayunar para que se las robaran. Lápices, estampillas, calcetines, jabones, todas las cosas difíciles de reemplazar quedaban expuestas. La felicidad de Harry era la razón por la que era perseguido constantemente.

El Hermano Harry podía aguantarse mucho, después de todo no tenía nada más que perder, excepto su nueva paz interior. A Harry le gustaba decir que no había guardia que pudiera quitársela.

Un día el guardia estaba esperándolo afuera del cuarto de baño. Cuando Harry salió le dijo: "¡Manos atrás, vamos a hacer un análisis de orina, para ver si hay droga!”. Harry sabía que estaba limpio y no estaba preocupado, pero como había orinado recién no podría llenar el frasco en ese momento.

“Lo lamento, llena el frasco en el momento estipulado o lo denuncio por no cooperar y lo envío al “agujero” por sesenta días” gruñó el oficial.

Había otra complicación, Harry protestó:"Tengo un agrandamiento de la próstata y me cuesta orinar incluso cuando tengo ganas”.

Harry no pudo cumplir la orden y fue enviado al “agujero”.

Casi dos meses después Harry entró nuevamente a la clase. Parecía más joven, como si hubiera vuelto a nacer. Brillaba como una luz, tenía un brillo en sus ojos que podías verlo desde el otro lado de la habitación. Todos en la sala se voltearon para mirarlo.

Harry tenía unas hojas de poesía que quería leernos y dijo: "Cincuenta y ocho días y cincuenta y ocho noches meditando en el agujero me dieron un gran regalo. He recuperado mi vida, sé que he sanado mi cáncer y al mismo tiempo estoy listo para morir. He sido perdonado y he sentido el poder del amor de Dios”. Y añadió, "Si yo pude encontrarlo, ustedes también pueden".

Uno de los chicos se echó a reír y dijo: "Harry, realmente te limpiaste bien!" Todos estuvimos de acuerdo.
El guardia que había estado persiguiendo a Harry fue trasladado mientras estaba en el agujero. Una lástima porque el hermano Harry quería agradecerle.

Harry cumplió su condena y diez años después sigue sin cáncer. Una de las ironías es que Harry había contrabandeado para pagar el tratamiento del cáncer. Su pedido había sido escuchado. 
(Dan Millstein, "Brother Harry", 2002)

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