domingo, 21 de agosto de 2016

Un Encuentro con La Alegría de Vivir cada Circunstancia como Regalo

Hace poco tuve una experiencia notable, que cambió totalmente la energía y actitud con que estaba. Fue una inyección de “positivismo”, en el sentido de conectarse con el lado luminoso de las cosas.


A partir de una situación aparentemente “negativa”, el rechazo de mi auto en la revisión técnica, tuve un regalo de la vida que me reconectó con la alegría de gozar las pequeñas grandes maravillas que tenemos en nuestra vidas.

A raíz de la mencionada desaprobación de mi vehículo fui donde mi mecánico. Él me contó con una alegría y entusiasmo exuberantes su nueva afición a construir flautas de bambú. Él estaba radiante y feliz de confeccionar esos instrumentos y la nueva dimensión de sonido que emanaba de ellos. Lo notable es que él nunca ha tocado ningún instrumento ni tampoco es músico por ningún lado. Con la actitud y convencimiento de que uno puede hacer cualquier cosa y no hay límites, se le ocurrió que algo interesante podría hacer a partir de unos bambúes que le ofrecieron. ¡No se imaginan lo que era verlo con su aspecto de mecánico sosteniendo con sus manos toscas la flauta por él elaborada!

Luego me relató varias otras circunstancias que normalmente se consideran “negativas”, a las que él había extraído el lado positivo, y que él llamó "mágicas".

Por ejemplo la mañana en que encontró su calle espantosamente sucia por la basura que había dispersado su perrita, ante lo cual decidió que era el momento de comprar escobas nuevas. Con ellas se puso a barrer dejándose llevar extasiado por el movimiento hasta limpiar toda la cuadra y experimentar un momento de gran bienestar: ¡simplemente por barrer la calle con sus escobas nuevas! 


Otra historia que me contó fue la de la aparición de un enorme ratón en su cocina, a raíz de lo cual la vieja cocina se desarmó. Pronto llegó un amigo con una cocina más moderna, y así se inspiró a comenzar a cocinar y disfrutar intensamente de esa nueva entretención.

También me relató fascinado la recuperación completa del auto que le habían robado hace un año en un asalto que incluso lo dejó herido.

Fue realmente maravilloso verlo con ese entusiasmo, con esa alegría, disfrutando y valorando los preciosos detalles que le regalaba la vida. Todo lo que me relató de actitud positiva, disfrute de las cosas simples de la vida y confianza en la magia del universo, le salía del corazón, no eran lecturas, conversaciones ni enseñanzas que hubiera escuchado en algún taller o psicoterapia. 

Mi día cambió totalmente a partir de este encuentro. Me llené de entusiasmo, gratitud y alegría por todo lo que el Universo me daba.

Fue una potente enseñanza de vida, espiritual, e incluso metafísica (cómo la actitud interna genera cambios en las circunstancias externas), y no vino de un profesor de yoga o de meditación ni de un psicólogo: ¡provino de mi mecánico! ese que vive entre autos, grasa y motores, agradecido y bendecido por la maravilla de ver y valorar lo simple que tiene cada día, en cada momento.



A veces sufrimos por algo que no tenemos, puede ser algo de tipo social, económico, profesional, familiar o lo que sea. En esos momento no entendemos que a cada uno nos toca un aprendizaje y un aportar al universo distintos. Que el lugar y las circunstancias en las que nos hallamos tienen un sentido en relación con las lecciones que hemos venido a comprender y/o aquello que entregaremos al tejido cósmico. 

El enfoque de buscar siempre nuestro beneficio personal es el equivocado, el que nos hace sufrir a nosotros y el que nos hace causar daño a los demás. 

¿Cómo hacer para cambiar esa mirada, desde el beneficio y engrandecimiento personal al cómo ayudo, cómo aporto y cómo aprendo de cada circunstancia que me toca vivir?

En ese cambio de mirada está todo: está la disolución de la maldad, el abuso, el engaño, la deshonestidad, el maltrato; está el poder construir una sociedad en la que todos nos cuidemos y apoyemos mutuamente; está el vivir contentos con una vida simple, que no agote a la Tierra ni explote a nuestros semejantes.

Es tan simple y a la vez tan difícil: es simplemente ver, mirar, disfrutar, gozar y agradecer. Así, sintiéndome sano, feliz, pleno, espontáneamente surge el deseo de ayudar a otros, de compartir, de trabajar para la felicidad de todos.


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