viernes, 27 de noviembre de 2015

Vidya, el Conocimiento


“Cuando has conocido la consciencia, nada compensa perderla. 
Has conocido la mayor bendición de la vida”. (Osho)





El Conocimiento es el blanco al que apunta el Yoga ¿Por qué? Porque con el Conocimiento alcanzamos la Liberación.

Sin embargo, el Conocimiento está aquí mismo, no es necesario ir a buscarlo a ninguna parte ni en ningún libro, y por lo tanto la Liberación también está justamente aquí y ahora. Esto tan simple, sin embargo, nos resulta tremendamente difícil de realizar. De algún modo nos hemos “alejado” tanto de esa verdad tan próxima y sencilla, que ya ni la vemos ni la podemos asir.

Así es que dada esta dificultad en la que nos hallamos, esta especie de ceguera tenaz, necesitamos un proceso que nos aproxime lentamente hacia Eso que somos y que está ya dentro nuestro. Ese proceso se llama simplemente “Yoga”. 

Comenzamos desbloqueando el cuerpo y la energía vital, vamos poniendo atención a lo próximo e inmediato, vamos calmando y observando la mente, vamos explorando en miradas distintas acerca de la vida y de nosotros mismos, y paulatinamente algo se va abriendo, una nueva posibilidad de comprender la existencia y nuestra relación con el universo.

Cuando comprendemos que hay ciertas conexiones sutiles entre las circunstancias y nosotros, que hay un sentido detrás de los sucesos, y que nuestro ser es más bien infinito que limitado, cuando comprendemos todo eso, el miedo se desvanece, la facilidad llueve sobre ti, y la confianza se establece. Ya no necesitas correr, perseguir, asegurar, defenderte. Ya no necesitas casi nada. Las situaciones fluyen naturalmente, aunque siempre hay algo nuevo que aprender, lo que implica alguna nueva dificultad y el desafío de aprender de ella.

Sin embargo, el edificio “de la vieja visión” está tan sólidamente asentado, que cuesta una enormidad destruirlo. Es demasiado material, y eso es justamente lo que impide ver la realidad. La materia que parece tan real y sólida nos llena la cabeza con su densidad como un dictador omnipotente. 

De algún modo esa densidad debe ir disolviéndose. Se deshace, curiosamente, con lo más sutil: meditando en forma regular, pensando en cómo ayudamos a otros, conectando nuestro corazón con lo sagrado, adentrándonos en la visión del Ahora, la Compasión, la Aceptación, la Simpleza y la Tranquilidad. 

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